lunes, 7 de diciembre de 2009

tresdediciembrededosmilnueve.


1125 días. A grandes rasgos, sumándole a tres años un mes, fueron los días de vida que tenía cuando le conocí. Demasiado difícil acertar cuando los únicos recuerdos que tengo de esa época es despegar los chicles del suelo con un palo de chupa chups. Sin embargo de lo que si me acuerdo es de que tiene la misma carcajada desde entonces. Empieza tímida y asciende hasta romper cual ola contra roca.
¿De verdad tengo que describir todos los momentos que hemos pasado juntos? ¿Desde los tres años hasta los ya veintiuno?
De acuerdo…
Empezamos con el trasero de Marisa. La incontinencia urinaria de Arody. Con ocho años él aprendía nuevas operaciones matemáticas y a mí me preguntaban que quién me enseñó a escribir. El concurso de teatro que ganamos y cedimos. Obras de fin de curso. Los primeros cines. Paseos por Triana. Julia. Entregar circulares. Ser los niños mimados. “Tu madre es delegada este año”. “Yo soy delegado este año”. Voleyball. Olimpiadas. Exámenes. Trabajos. Concurso de debate. Más exámenes. Más trabajos. Tardes de libros de arte, ojeras y noche en la biblioteca con pausa para la pizza. PAU. Madrid. Madrid. Madrid. Boston. Y terminamos con el versículo número cuatro de Madrid. No terminamos... Continuamos.
Hay relaciones que se mantienen a golpe de constancia o relaciones que se sobreentiende nunca desaparecerán. Quedan aquí encuadradas las familiares más directas… y la nuestra. Porque por mucho que quieran la señora Mendaño y la señora Serrano “nosotros amigos para toda la vida, pero revueltos nos acabaríamos matando”. Supongo que también influyó el azar que nos hizo encontrarnos y seguir un camino paralelo. También creo que se debe a que le veo como una de esas personas por la que nunca tendré que preocuparme. Nació con desenvoltura social, por así decirlo. Por supuesto también contamos [para qué negarlo] con el mismo amor por el arte del cotilleo. “Quiero el informe ¡YA!
La sinceridad le define y le pierde. Sus sentencias a menudo llegan en forma de escupitajo. Muy desagradable sin duda. Sin embargo tiene el toque de atención que a veces a todos nos hace falta y con el que agradezco contar. En una actitud masoquista/destructiva, no puedo vivir sin su juicio. Es una de las personas más clasistas que conozco. Pero lo peor de todo es que él también es para sí mismo una de las personas más clasistas que conoce. “A esa no la llevaba yo a mi casa a comer nunca” “Pero mira mira mira mira… ¡vaya desastre! ¡Desastre!¡Que eres un desastre de persona!” Y hablando de perfección… mi meta para el 2010 es construir una máquina de Mujeres Perfectas. Él será mi primer objetivo aun arriesgándome a no conseguir la modelo deseada. Le “asfixian” detalles de la importancia de un grano de arroz. Supongo que tiene dentro demasiado que ofrecer y lo único que necesita es encontrar a alguien que lo reciba. Desde el momento en el que eso ocurra, la susodicha deberá ser examinada minuciosamente bajo mi lupa. Ya saben… el padrino de la boda tiene que hacer bien sus labores.
En definitiva: encaje compenetrado y presencia constante. Como uno de mis cientos de lunares. Llevan ahí desde siempre y sólo desaparecerán si yo quiero. Pero la cuestión es… que no quiero.

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