sábado, 16 de enero de 2010

rayos depurados




Hay momentos en los que uno por casualidad se encuentra sentado frente a una ventana. Si también por casualidad ha tocado un día soleado y podemos cerrar los ojos durante un instante, está todo hecho. La sensación de tranquilidad que se experimenta es difícilmente comparable a alguna otra. El sol filtrado por el cristal deja afuera lo malo y traspasa únicamente lo más puro. Uno se queda quieto, dejándose acariciar por los rayos. Y si por casualidad de casualidades, uno ha ido a parar a la silla que está frente una ventana por la que pasa el sol y dentro de un hospital, la comparación con mi día es inmejorable. Alrededor de uno mismo están pasando muchas cosas, incluso vidas que nacen y huesos que mueren. Ese día uno no está de visita en el hospital sino por causas propias. Pero ese sol… ese sol es maná del cielo. No se piensa en nada a pesar de que se sabe que algo inminente va a pasar.
Pues que pase, que yo hoy, espero sentada frente a la ventana.