jueves, 13 de mayo de 2010

La paradoja de las causas perdidas.


Todos aquellos que sienten la necesidad visceral de salvar Imposibles, saben de qué hablo. Empiezo por la atracción absorbente de aquello que conseguimos una vez pero que no podemos recuperar. Hablo de ese arrastre al que nos vemos sometidos por un túnel sin doble salida que nos obceca en el convencimiento de que aún podemos salvar, como mínimo, un trocito de lo que fue.
El hierro al calor siempre es blando” Sin embargo, hay cubitos de hielo, que soportan los cuarenta y dos grados de desierto saharaui sin derramar una sola gota.
Un verdadero problema es llegar a darse cuenta de que nunca hubo nada que recuperar porque lo no existió, no se puede inventar. También nos encontramos con casos mucho más sencillos que todo eso. Hay Imposibles que, simplemente, no desean ser salvados.
Siempre llega un momento en el que la certeza de saber que has realizado todo esfuerzo en vano inunda cada conexión en el cerebro y cada hueco del estómago. Lo peor de todo es que la llegada de esa certeza no borra el hecho de que hayas realizado malabares estúpidos. Tan estúpidos como nos sentimos entonces.

Pero a todos aquellos que a pesar de lo expuesto les apetezca seguir salvando Imposibles, adelante. Sólo un consejo: tomar la paciencia como escudo. Quien sabe… puede que en una ocasión de cada mil millones el hielo si se derrita.

[Me rindo. Tú ganas]


2 comentarios:

Anónimo dijo...

no existen los imposibles...es mucho mas fácil que los años que podemos llegar a pasarnos intentando explicar el por qué no pudo ser en vez de preguntarnos el por qué del no querer.
Me ha gustado mucho, "él" también perdió.

always.changes dijo...

muchas gracias :)