domingo, 9 de mayo de 2010

Siete de mayo.



Cuando la excelencia se personifica en colegiala, no queda otra opción que cubrirla con una banda blanca y un escudo en tonos azules sobre el corazón. Por lo tanto, el Consejo Colegial, felicita a las nuevas Colegialas Mayores con todo el cariño y respeto del Mundo. Les deseamos a todas la mayor felicidad posible en un día tal como hoy pues pertenece íntegramente a ellas. Asimismo, queremos darles un consejo: pase lo que pase, mantengan el Espíritu Colegial que han adquirido estos años. Esperamos que lo poco o mucho que hayan podido aprender lo lleven allá por donde pisen aunque derrumben estas cuatro paredes y aunque pretendan derrumbar también nuestra identidad.

El orgullo de ser Colegiala Mayor no se mide ni por haber llegado antes que nadie a la meta, ni por hacerse notar más que el resto y mucho menos, por ser amiga de unas pocas. El privilegio de ser Colegiala Mayor llega una vez desarrollado de forma extra la mayor cantidad de trabajo posible, por haber sabido situarse correctamente en cada momento y en cada lugar y por haber sido ante todo, una buena compañera.
Ser Colegiala Mayor es algo más que una distinción. Será encargada de portar tal honor toda aquella que haya hecho del alojamiento entre estas cuatro paredes una forma de vida. Nunca es fácil para nadie estar presente tanto en los buenos como en los malos momentos pero si hay algo que sientes tan de cerca como tus propias huellas dactilares, se aguantará de igual forma la pena como se disfrutará de la gloria. El alcanzar el máximo nivel de implicación en la vida colegial no es para nada una obligación; es una opción. Todas aquellas que elijan año tras año destinar pequeños sacrificios diarios por el Mayor, serán recompensadas con formar parte del Consejo Colegial.
Extrapolando a otros niveles esta distinción, y sin pretender pecar de arrogancia, el Consejo Colegial vendría a significar lo mismo que el Consejo de Sabios en cualquier comunidad. No necesariamente se tiene poder directo y no se toman decisiones en última instancia pero si funciona como un órgano al que consultar por ser portadoras de mayor experiencia y rodaje que el resto en cuestiones colegiales. Por este motivo, el nombramiento de Colegiala Mayor se efectúa por parte del Consejo Colegial conociendo los miembros de éste cada pequeño detalle que haya realizado la candidata. Aunque el nombramiento se efectúe por unas pocas, es cada colegiala quien va definiendo su camino hacia la beca desde el primer momento que cruza el umbral del Mayor. Trabajo constante, alta implicación y mantener una relación correcta con el resto de las colegialas, son tres premisas básicas a tener en cuenta.

El hecho de que el escudo de la beca se sitúe del lado del corazón no es una tradición aleatoria. Desde el mismo momento en el que se posa un pie en el Colegio, el corazón de cada una de nosotras empieza a teñirse con franjas blanquiazules. De esta forma, sin ser reinas ni princesas, pueden contar a sus futuros nietos que por sus venas corre sangre azul y que sus lágrimas se derraman en blanco.

Llegados a este punto, no nos queda más remedio que dar la razón a ese famoso dicho que sentencia: “Todo lo que empieza, acaba”. Cuando creíamos que no podíamos encontrar un enemigo peor, lo encontramos. Sin embargo el nivel de maldad de cada uno no es algo que nos preocupe. El tiempo o el karma, esa energía metafísica derivada de las acciones que realizamos, pondrá a cada uno en su lugar, antes o después. El dibujo de las acciones que hemos llevado a cabo las colegialas se delinea con buena intención y buen hacer. Otros, no pueden decir lo mismo.


Ser valientes nos ha salido caro y nunca mejor dicho pero aquí no nos enseñaron a ser cobardes sino a luchar por lo que es nuestro. Y el Caro, es nuestra casa. Nos dan igual las obras que vengan por delante, los Campus de Excelencia, las pretensiones de riqueza de futuros mandatarios universitarios o las residencias rentables. Nos da igual todo eso de una forma que nadie que no haya estado en lo que es realmente un Colegio Mayor, entenderá nunca. El Caro ha crecido mediante la pequeña o gran aportación de cada una de las colegialas que ha pasado por aquí. Ha llegado a los 39 años de edad y sentimos profundamente no poder haberlo transformado en inmortal.


Por lo tanto, creo que todas nosotras podremos llevar orgullosas la cabeza bien alta para afirmar a cada momento que pase: “Yo un día fui del Caro… y lo seguiré siendo para siempre”.

2 comentarios:

Myriam dijo...

Como ya te dije... no esperaba menos de ti! :)

T.P. dijo...

Yo soy del Caro, y lo seré para siempre (y además, contigo)