sábado, 26 de junio de 2010

El adiós.

Que en polvo y cenizas caerá pero el fuego permanecerá en ti, en mí y en todas nosotras…

Me gustan tus formas y tus maneras. El azul y blanco que conseguiste inyectarnos y que sudamos a golpe de animación. Me gusta comprobar como te creces en los peores momentos. Asimismo, me gusta haber respirado unión, fuerza y apoyo cuando sólo nos quedaba rezar por el milagro. Me gusta la forma que tienes de acogernos con esas madrugadas que son días y esos días que son fiesta. Me encantan tus imperfecciones, las que luchan contra lo impoluto pues los grandes nunca fueron perfectos y es que tú, eres enorme. Me gusta la gente que te rodea: unos amigos y otros sólo compañeros pero todos colegiales. Me gusta tu Villa y tú Séneca con sus banderas incluidas. Me gusta que nos hayas grabado tu nombre tan adentro que hayamos sentido la necesidad de salir en todos los Medios de Comunicación habidos y por haber enfrentándonos a su Ilustrísimo Todopoderoso Eminencia Superior a todos los seres del Universo, Don Carlos Berzosa. Y yo me pregunto, si el Señor siempre se lleva a los mejores y este hombre es tan bueno ¿por qué sigue entre nosotros? Pero bueno, Colegio, sigamos a lo nuestro y dejemos que las dudas existenciales las conteste la conquistadora de España al estilo francés. Gran persona, mejor acento.

La verdad, es que no serías el mismo sin recordar tus viejas cariátides, sin tus Casinos, tus fiestas, tus tardes de juegos, sin tus Días de Colombia, sin tus becas blancas, sin las conferencias o las exposiciones en cafetería. No serías el mismo sin tu biblioteca azul cielo, sin las copas del Pecas, sin las tardes perdidas en antebar pero sabiamente empleadas en elaborar importantes teorías sobre vidas ajenas. No serías el mismo sin ese telefonillo que nos contesta automáticamente a la puerta pero que si un día hablara sobre nuestras peripecias no habría oro en el Mundo para pagarle. No serías el mismo sin esos cuadros de dudoso gusto artístico, sin las Asambleas en el Salón de Actos, sin las pedidas de agua que has tenido que sentir sobre tus paredes, sin oír el eco de aquellos “ratoncitos” o sin las noches de novatadas en conferencias (porque sí, aquí de toda la vida hicimos novatadas y no esa farsa llamada Actos de Integración). No serías el mismo sin 149 cabecitas rondando por tus escaleras y por lo tanto, nos cuesta creer que no vayas a ser nunca más.

Compadezco entonces, la ignorancia de aquellos que nunca supieron sentir ni ver lo que yo percibo de ti. Compadezco a los que siempre nos dieron un “NO” como respuesta. Compadezco a esos que no supieron entenderte cuando estabas en la plenitud de toda tu excelencia y ahora sólo vean una masa de ladrillos en decadencia. Compadezco a todo aquel que libre batallas perdidas contra jóvenes inexpertas porque no saben lo GRANDES que nos han hecho ante las adversidades. Que la vida es dura ya lo traíamos aprendido de casa pero gracias a las injusticias que hemos tenido que soportar, ahora lo sabemos muchísimo mejor. Disculpa, Colegio, si no supimos defender dignamente lo que nos has aportado a lo largo de todos estos años.

Cierra al menos orgulloso de saber, que habrá generaciones completas que imploren el mismo deseo en cada moneda arrojada en fuente, en cada vela de cumpleaños que soplen o en cada estrella fugaz que encuentren. Todas y cada una de nosotras desearemos que tus cenizas se alcen hasta el mástil de tu bandera, de nuevo y para siempre. Sólo puedo acabar diciéndote GRACIAS COLEGIO con todas las letras y mis muchas razones. Hiciste de nosotras en meses, lo que muchos no consiguen en años.
HASTA SIEMPRE.

1 comentario:

Carmela dijo...

Hoy me acordé de tu artículo porque se lo quise enseñar a Irene, lo releí y pelos de punta una vez más... GRACIAS COLEGIO <3