jueves, 16 de septiembre de 2010

gotas de lluvia caliente.


Como una tormenta de verano. Agua cayendo de esa capa azul que nos cubre y 30 grados a la sombra que se nos pega al pecho. Como esas cosas que no te esperas ¿No? Sumando a partes iguales contradicción y sorpresa. De cara al público tan delicada como un puñado de sal gorda pero igual de educada que un caballo de exhibición cuando tienes el privilegio de adentrarte en esas dos estrellas con las que mira.
La idea de que la primera imagen incluya chaleco reflectante y maceta en mano y que ahora las más habituales sean innumerables sonrisas más imperturbables que la aurora, se me antoja tan inverosímil como ella. Me gusta la forma que tiene de hacerme sentir bien. Un orco para ella en privado, una joya de la corona cuando me vende al por mayor.
Admiro la locura que la dignifica transformando la actividad frenética que rige su día a día en productividad infinita. Mi cabeza pasa de cero a cien revoluciones cuando cruza el umbral de mi puerta. Nadie tiene ni idea de lo que guarda porque se enfrasca en todo ese torbellino áureo que la defiende de profundizaciones ajenas. Pero lo que no sabe es que tuvo la mala suerte el día que se cruzó en mi camino... Las cajas fuertes se acaban fundiendo con el calor y mis abrazos obligatorios, de eso dan mucho. Me sorprendo a menudo preguntándome si “Andy” no se queda un poco corto y si lo que debo hacer de vez en cuando es llamarla María o doña Vallo ya que su sensatez (a veces) me deslumbra tanto como el mismo sol.
Porque cuando recorre su vida saltando obstáculos, lo único que le queda es rendirse o agilizar los trámites de la alegría facilitando la vida de los demás: post-it varios, lanzamiento de misiles bibliotecarios; comentarios comprometidos, ideas esquizofrénicas, acciones imposibles… Todo vale. Al menos a mi, ME vale.

Y gritando, gritando… se planta en los 20. ¿Se planta o pide carta?
Lo segundo, seguro. Muchas cartas, muchas más… Porque de la cobardía de los que no arriesgan no se escribió ni un apéndice pero de la valentía de los que apuestan hay tomos dobles para aburrir.

Felices 20 tardíos y no en persona tras felicitártelos a las 00.00 por mi reloj y en persona. Qué quieres, en Madagascar las cosas funcionan así.

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