domingo, 21 de noviembre de 2010

Siempre hay un roto para un descosido.

Al salir de la ducha se miraba en el espejo y decía: “Sólo me sienta bien el verano”. El invierno le dejaba flaqueza a golpe de viento y desazón a ritmo de lluvia.

Las palabras… Las palabras eran otra cosa. En un intento por forzar el convencimiento ajeno de que se puede aspirar a más, de que el valor lo rebajaba a la altura de los talones con tal de sentirse deseada a media jornada, de que todo era inútil e iba siendo hora de comenzar a saltar de oportunidad en oportunidad, de que, de que, de que… En un intento porque superase todo eso, le llegaban palabras desde todos los vértices que la rodeaban excepto del más importante: su cabeza.

Porque cuando hay ganas de más lo único que funciona es hacer de menos. Así que vamos a olvidarnos de lo que calienta la mente, hasta que pase el frío.

1 comentario:

T.P. dijo...

¡Genial!