sábado, 4 de diciembre de 2010

Diez segundos.


Hay diez segundos al día en los que no me importa el hambre,
la pobreza,
el cambio climático.

Tampoco me apetece hablar,
ni levantarme,
ni beber,
ni vivir.

En el transcurso de esos diez segundos no me esfuerzo por respirar,
replicar,
protestar.

Tanto me importa en ese momento ser más,
que menos.

Y justo entonces, me quedo dormida.


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