viernes, 11 de febrero de 2011

Ay, Febrero.

Míralos.
Son felices ¿eh?
Hay quienes pueden.
Miran al otro y sonríen por el simple placer de admirarlos desde dentro hasta el último poro de su piel. Esa piel tan del otro y tan propia al mismo tiempo.
¿Has visto eso?
Hay quienes pueden sacar a pasear su sonrisa y no; no se les escapa el resentimiento entre los dientes. No les sube la rabia por la garganta para acabar explotando lo que iba para risa en queja consumada.
Míralos.
Qué sano.
Si, si.
Eso que hacen de cogerse la mano sin peros ni porqués sólo por el mero hecho de estrecharse momentáneamente (y así, como para siempre) diciendo "estoy aquí". No, no entrelazan esos diez dedos en un intento por parecer polillas kamikazes a la luz, directas a la muerte. Lo hacen sin escondites por el alma y sin estratagemas entre las uñas.
Míralos.
Otros que podríamos haber sido,
pero no somos.

Ay, Febrero.

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