jueves, 10 de marzo de 2011

De dudosa moralidad.

Pintura: "Cristina"
Óscar Tusquets Blanca


El comportamiento del ser humano puede llegar a ser memorablemente estúpido. Ten por seguro que algunos pasarán a los anales de la Historia como puntos negros en
tu historia. La enfermedad moral que algunos profesan como característica definitoria de su personalidad, cae con tal peso que perfora el inframundo y deja a los sujetos portadores donde deben estar: el infierno. Esta enfermedad no es más que el veneno que invade sus acciones. Ya saben, con la filosofía del puñal y la espera del buitre.
¿No será mejor entonces abrir las ventanas y ventilar porque lo podrido anda rebasándose por las esquinas por las que pasan? Para mi disgusto, las calles están plagaditas de Reyes Midas a la inversa. No sabía que hubiesen tantos. Me atrevería incluso a decir que lo más importante para estos seres es que aireen sus cabecitas pensantes, cuna de toda locura.
Digamos que ellos deciden, voluntariamente, renunciar al espacio de la calidez extrema por el morder de la honradez. Al resto, espectadores involuntarios, sólo nos queda pedir que suenen los aplausos cuando termine la actuación. Nuestras estrellas llevan a cuestas su mejor premio; cuando se quitan la máscara, se quedan frente a ellos mismos. Será entonces, en la justicia de todas sus penas, cuando la balanza caerá hacia el mea culpa sin duda alguna.
Y si a alguien se le revuelve la conciencia porque en su frente se planta sin piedad la señora Alusiones que no se preocupe, significará que entre la basura aún queda esperanza.

No hay comentarios: