lunes, 14 de marzo de 2011

Lo que el viento me dejó.


Los huracanes más catastróficos llegan en días de enero. Cayó la tormenta bajo sus pestañas, revolvió el viento la seguridad consciente y quizás también la monotonía estancada. La corriente, imparable, arrastró consigo el velo que nadie veía pero que estaba destinado a desaparecer. Es por eso que desde entonces, adoro este tipo de desastres innaturales.

Puede que algunos adjudiquen su gran paso a la forzosa sacudida inicial. Sin embargo, yo sé que tras la caída supo enderezarse desde el sótano, peldaño tras peldaño, porque es alguien destinada a conquistar la cima empezando desde la Luna. Entretanto, mientras oía día tras día, "tranquila, mereces algo mejor" llegó ese Mejor jugando al escondite del esperar; sin desesperar. Suerte para nosotras, la dejamos en manos de alguien que sabe remendar heridas mejor que los grandes maestros de la haute couture. Por esta razón aún creo en el buen hacer de la predestinación y la alineación premeditada de las estrellas sin necesidad de respirar aire del Tíbet o meditar frente al horizonte del Mar Muerto. Lo único que hay que hacer es sonreír y el resto llega sólo. Al fin y al cabo, para su piel lo mismo supone la temperatura del Atlántico que un paseo por el Nirvana.

Cabe premiar el hecho de que supo aprovechar el viento mejor que nadie. ¿No te has fijado en su batir de alas? ¿O en cómo revienta las expectativas por allí por donde pasa? ¿Cómo muestra inquebrantable sus ganas de compensarte en todo aquello que nunca mereció la pena que vivieras? Algo así como cenizas a su fénix y lealtad como mancha de su rastro. A veces le hace a uno pensar seriamente en que posee poderes terrenales.

Es muy fácil creerla cerca. Puede que en la rapidez de sus gestos o en el sincero sentir que venera por quien se le confiesa. Quizás el secreto está en que su despreocupación te arregle el día o en la mezcla explosiva de humor y comprensión. Sin embargo, personalmente, sólo necesito girar la mirada para que se llenen mis pupilas de orgullo y susurrarle sin que se entere "es esto lo que quiero para ti”. Hay varios atajos a los que puedo atenerme para llegar a lo que es ahora; tan de verdad. Pero sólo uno descubre los entresijos esenciales de lo a lo que me refiero: simplemente Ella.


Willmer-y- Noefog.

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