miércoles, 8 de junio de 2011

5.2.

Pienso que ahora, cuando escribo, habrá otras muchas personas en España haciendo lo mismo: la columna. No sé cuántas. Es una forma de comunión curiosa, en una liturgia rara, rarísima. Una profesión poco defendible: escribir algo más de treinta líneas cada día sobre lo que todo el mundo sabe, y meter en medio nuestras cosas: a veces un ramalazo de amor, otras de desidia y de su soplo de abandono, o el dolor del puntapié que nos da el oficiante de al lado. Hacemos una cacería continua de algo que no existe: la realidad. Tratamos de buscar antecedentes, leyes generales: de fingir que hubo un pasado, cuando hubo tantos, y que hay futuro, cuando eso es lo que menos existe de todo. Intentamos comunicarnos: dar palabras a quienes piensan lo mismo que nosotros, pero no las tienen dispuestas; o producir ira a quienes están en las antípodas.
Eduardo Haro Teglen: "Columnas"
(Artículo de su columna diaria Visto/Oído de El País, 5 de diciembre de 1998)

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