viernes, 17 de junio de 2011

Con pe de paciencia.

Espero que sonrías. Es todo lo que puedo esperar; quizás todo lo que quiero esperar; de resto, todo lo que necesito esperar.

Espero que sepas, que hay muchas manos tras tu espalda. Más de dos y de cuatro. Más de las humanamente posibles hablando en un sentido metafórico y mínimo diez, si es que hablamos de un nivel físico y demostrable. Espero que esperes que haya muchos más ojos de los que ves, mirándote de reojo desde el escondite del no darle una importancia absurda o dramática. Total, sobra asumir que todo va a acabar bien.

Espero que el tiempo se digne a pasar como tiene que pasar, sin más sobresaltos de los que cargamos ni más sorpresas de las que hemos abierto. Que ya está bien, joder. (Perdona, se me van los modales anglosajones que tanto te gustan al cielo)

Espero que ya estés desarrollando la trama de esta herida de guerra para contarla repleta de artificios dentro de muchos años. Yo, por ejemplo, ya me estoy imaginando que los médicos que te tratan decidieron darse a la medicina porque se cansaron de modelar en París. (No te preocupes, el tiempo es tramposo. Nadie notará si mientes).

Espero que necesites que te necesite, porque lo hago. Espero que esperes escuchar que el final va a ser feliz, porque lo va a ser.

Espero, que esperes que te espere.

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