sábado, 30 de julio de 2011

De equilibrio a cuerpo.

A dos milímetros de tierra sé qué se siente por dentro. Quizás a tres, como mucho. Cuando un cuerpo invade a otro, lo sintoniza, lo equilibra, igualmente; se duelen, dentro de un mismo organismo compartido. Es dar un paso más dentro del apoyo convencional. Me refiero, por ejemplo, a utilizar flotadores frente al Mar de Movidas. Sin embargo siempre queda ese poco, esos pequeños dos milímetros en los que el portador del bache debe sustentarse solo para superarlo sin dudas ni medias tintas. Dicen que es así el crecimiento. De día, puedo conseguir que sea uno sustentado en otro pero cuando se apagan las luces es, inevitablemente, un uno contra uno.

Religiosamente se levanta la mañana, claro, como siempre. Ella habla y pienso “cuánta sombra debe arrastrar” y me sorprendo al verla hacerme reír constantemente, como muy poca gente consigue. Entonces me digo que debería ser al revés. Que hay gente que nace para merecer y otra (de ésta menos) para ser merecida. Y a su vez, a ésta última es un auténtico lujo merecerla. De quien hablo nació para ser merecida y yo, con suerte, puedo acompañarla.

Encanto, de encantar, de embelesar. Del brillo que le nace por dentro. De buenas palabras y mejores intenciones. De claridad, bondad, indulgencia. De diversión absoluta. De fondo indudablemente cristalino, de alegrarse por el resto y evitar el compadecerse. De cariño, de sí rotundo y para siempre, de no hace falta lo malo. De aguante, paciencia y de estrellas. De ven y quédate que te hago hueco.

Pasar rozando será la virtud de mi corrección. Quizás así, poco a poco de un lado y de otro, consiga cerrar la apertura de la herida y sellarla finalmente con su bendición.

Que más se perdió en Cuba ¿no, mija?

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