martes, 12 de julio de 2011

Qué le puedo ofrecer a quien me intente.



Se me ocurre, por lo pronto, que un hueco para uno y el resto de espacio para los demás. También frambuesas para las manchas de limón, que no las eliminan (ni pretenden) pero las suplantan.
Pero y ésto ¿a qué? ¿a dónde?
Corren tiempos difíciles para explicar que hay un brazo izquierdo apoyado sobre la pared, una pierna doblada sobre el mismo hemisferio y la otra, bien derecha, actuando como sujeción del mundo. La vista, fijada en la misma dirección que el primer brazo citado, emplea una pequeña panorámica de luz en la sutil observación de las ramas que revolotean suavemente en el exterior. Aletean, casi sin poder, porque apenas pretende la brisa enredarse entre las hojas verdes, rotas, secas.
No se da cuenta él de que le andan mirando desde la cama. Desde allí, la Escudriñadora, cae en la cuenta de que de repente tiene muchas ganas de decirle "que guapo estás así, cuando piensas en no sé el qué" pero se lo acaba callando por si los amplificadores se remojan en escepticismo y acaban exteriorizando palabras que ahora romperían la magia. Ya se lo dirá en algún momento.... Pues es junio ¿no? Y en cuanto a la bajeza y a la nobleza, queda todo por delante.

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