sábado, 20 de agosto de 2011

Los tres que van con gorro.

Hace no mucho tiempo, aunque por seguro hace más de un año, leí que la madurez no es para veinteañeros. A lo mejor es que no soy consciente de que cuando se llega al momento de soplar esa pareja de velas comenzadas por el número tres, se sufren convulsiones tan potentes, que hacen al desgraciado soplador entrar en un trance de crecimiento instantáneo. Como el nuevo Cola Cao que se disuelve sobre la marcha (inciso: la verdad es que ni eso me sirve como metáfora porque quien nos ocupa es de la banda del Nesquik). En fin, que tras un elaborado estudio de campo, he descubierto que esa afirmación es una estupidez. Juntamos pues, Nesquik y veinticuatro.

"Sólo veinticuatro... Qué sabrás con veinticuatro, si apenas ayer dejaste de ser una niña"

Ayer dices y reprimo soltar un ¡Já! de indignación cinematográfica... Te voy a contar lo que pasó ayer.

Ayer despertó y de golpe y porrazo se quedó sin casi una mitad. Digo casi, porque esa falta suponía el 33,33333 (infinito) sobre cien. Esos tres infinitos a los que había que ponerles un gorrito en los resultados matemáticos aunque nunca entendiera por qué. Quizás es que yo de tres no sé nada. De ochos pues sí; de tres... bastante menos. Pero ella, ella sí que sabe muchas cosas sobre los tres. Tanto es así, que vivía sumergida en un lazo a tres. Si, ya sabes. De esos que cubren tres cuerpos enredando la cinta entre las cinturas a envolver. Visto desde arriba la atadura formaba la figura de un trébol (corriente, eso sí, a tres hojas). Ayer, decía, encontró el lazo roto. Se había escapado una de las hojas. El por qué de su escapada nadie lo sabe. A veces la vida tiene estas cosas tan ilógicas. ¿Por qué canta Justin Bieber? Nadie lo sabe. Pues con la rotura ocurre lo mismo; a saber.

Ayer, para más inri, descubrió otras fisuras que por "suerte" en comparación con el impacto inicial, acabaron por suponer casi los mismos inconvenientes que integrar unos trazos de tinta en la piel trasera de su muñeca. Se trata de una minimización de la fisura que no le hace justicia alguna. Sin embargo, mejor es restar importancia que sumarle carga.

Ayer, digo, todo fue gris, duro, inoportuno, caótico y difícil. Es asombroso, lo sé. Todo eso le pasó ayer.

Hoy, sin embargo, ha abierto los ojos muy temprano sonriendo gracias a las rendijas de luz que se proyectan sobre la oscuridad provocada por un día que no se anima a despertar del todo. Sin embargo lo hará, lo aseguro. Lo hará porque hoy veo que ha superado tímidamente todos esos giros inesperados. De poco a poco y a veces con pequeños retrocesos que no son más que el desarrollo natural del proceso pero siempre, siempre, peldaño a peldaño. Cómo no, sumando pequeñas victorias que es cómo se deben hacer las cosas: gota a gota el vaso, grano a grano la montaña, día a día el mes, mes a mes el año, año a año; la vida.

Por eso es justo ahora cuando cumplió los veinticuatro... El tres en relación estuvo bien, rematadamente bien. El tres en año, dejó bastante que desear, no voy a negarlo. Ya ves entonces, la cifra de ahora dicta que hay que mirar hacia adelante. Siempre hacia adelante.

Y para ayudarle, me han confiado algo que no sabe. El trébol de cuatro hojas da suerte porque es una evolución del tres. El día que la tercera hoja se escapó decidieron que haría falta un doble refuerzo para recuperar la fuerza perdida. No contentos con eso, decidieron seguir ampliando horizontes. Los verás por las calles, en los parques y sobre todo en los bosques que es donde más les gusta estar. Arboles y más árboles. Arboles grandes, enormes. Porque no había número de hojas suficientes para compensar la ausencia del trébol inicial. De esta forma, el trébol de cuatro hojas se conformó como el paso entre el trébol corriente que fue y el árbol en el que se convirtió después, dando suerte a todos aquellos que quieran evolucionar.

Ahora es cuando le digo que feliz ella que ha sabido llegar hasta aquí, dudo que yo supiera. Feliz nueva cifra. Feliz nueva etapa. Pero sobre todas las cosas, feliz hoy. Mañana, será mejor.

1 comentario:

Myriam dijo...

Me gusta ver mi vida a través de tus ojos.. me gusta mucho!

De nuevo, ¡gracias!