sábado, 22 de octubre de 2011

Coincidencias fortuitas de catastróficos elementos.


Si no hubiese habido alcohol de por medio. Si Él hubiese caído en la cuenta de que por esa carretera correrían las ruedas más rápido que el sentido del conductor. Si el viento no hubiese empujado las dunas. Si las dunas no hubiesen dejado escapar una pequeña parte de su arena. Si esa pequeña parte de arena no hubiese invadido la carretera. Si una rueda del Jeep no hubiese pisado el montículo. Si la otra rueda no se hubiese desestabilizado. Si el Jeep no hubiese venido directo hacia nosotros sólo sobre dos ruedas. Si no hubiésemos ido en el Land Rover. Si los reflejos de Él no hubiesen sido esos. Si Él no hubiese girado para absorber el golpe. Si el instinto de supervivencia le hubiese hecho girar hacia el otro lado; sentido contrario. Si yo no hubiese decidido que en ese trayecto me dormiría. Si no hubiésemos estado hablando sobre supuestos. Si no le hubiésemos estado preguntando a Él que qué pensaría si alguna de nosotras nos quedásemos embarazadas. Si la conversación no hubiese estado tan interesante como para no permitir que cerrase los ojos. Si no hubiese tenido práctica en los trayectos largos. Si no supiese a la perfección que mi postura no admitiría un cinturón abrochado. Si me hubiese abrochado el cinturón. Si no hubiese estado sonando “Cuchara, cucharita, cucharón. Por aquí, por allá” Si el impacto no hubiese sido ligeramente lateral. Si nuestros cuerpos no se hubiesen confundido de asiento tras el choque. Si mi cara no hubiese sufrido una fiesta de direcciones en menos de diez segundos. Si no hubiese acabado golpeándose contra el cristal izquierdo. Si no la hubiese visto a Ella respirar. Si eso no me hubiese dejado respirar tranquila a mi también. Si no hubiese visto tantas películas. Si no hubiese pensado que el coche iba a explotar. Si no hubiese salido corriendo de él. Si no me hubiese acostado sobre la arena helada. Si no hubiese escuchado a los bomberos decir que Él se quedaría paralítico. Si esa profecía se hubiese cumplido. Si no hubiese gritado de la forma más desgarradora que recuerdo haber gritado nunca. Si el Jeep no hubiese sido descapotable. Si el conductor del Jeep con las ruedas más rápidas que su sentido no hubiese salido disparado por el techo. Si su embriaguez no hubiese caído sobre la carretera. Si no hubiese muerto. Si no hubiese habido alcohol de por medio.
Si nada de eso hubiese pasado, no se me pararía el corazón de tanto en cuanto por la calle, frente a la pantalla del cine o en pleno recorrido con el coche. Si nada de eso hubiese pasado, no vería una cicatriz en mi ceja izquierda recordándome el viento, la arena fría, las luces naranjas, los estetoscopios y el miedo a que vuelva a pasar.
Si nada hubiese pasado no habría visto así a Él. Él, a quien en su vida le hará falta una mínima demostración de amor. Inconscientemente, directamente, nos ofreció su vida después de crear la nuestra. De eso hacía entonces dieciséis y trece años. Hoy veinticinco y veintitrés.

1 comentario:

Paula dijo...

Me ha gustado muchísimo como está escrito!. Piel de gallina.