domingo, 2 de octubre de 2011

Dos en el 2.

En el barrio donde renace y se hace tu sonrisa hay un graffiti de Lorca. Lo observo en su buen recaudo cerca de mi memoria a corto plazo desde una cristalera trazada por barras de acero. Las vistas, sin embargo, son menos asombrosas que tus ojos cuando me miran.

Aprendimos a escondernos como quien dice, detrás de nosotros mismos. A volar en forma de ‘v’ como las aves cuando emigran de norte a sur y vuelven, de sur a norte. Es por esto que hay días como ciclos migratorios: nacen azules y mueren naranjas. Se para el mundo por segundos al abrir los ojos y, justo al cerrarlos, nace una nueva vida en base a nuestra tentativa de besos volando de trópico en trópico.

Colonizo en primera persona del plural la tierra donde se hunden mis pasiones. De poco a poco tiembla ésta bajo mis pies que, si bien parece lo contrario, se rinden más que nunca a posarse sobre la realidad, las que más veces perfecta y las que menos, extraña. Poco importa en este punto sentir el crujir de los vértices si al menos cuento con tu palma tras mi espalda. Así, de un tiempo a esta parte, todas las escenas se transforman en nosotros cuando se hace "clak" pero guardamos nuestra particularidad en que, en cuanto a nuestra trama, no se sabe exactamente donde termina la toma.

Dirán que nuestros retos fueron importantes. Más aún lo fueron los ‘si’, cobrando más y más sentido cuantas más absurdeces llegaban desde una vela sin entierro. Diré que de lo mejor ha sido descubrir la seda al tacto, con eso de no ser Una de Tantas o Una que Podría ser sino Una y Punto. Diré que lo mejor eres tú.

2 comentarios:

Bárbara dijo...

Me encanta como escribes...

Noelia Olbés dijo...

:) Zen qiu Barbareishon.