jueves, 12 de enero de 2012

El punto de no retorno: punto insalvable.

En navegación aérea se conoce como punto de no retorno a aquel punto en un vuelo en el que, debido al consumo de combustible, un avión ya no es capaz de volver a su aeropuerto de origen. Después de pasar el punto de no retorno, el avión no tiene más opción que seguir a algún otro destino. 

El punto de no retorno es para mí algo abstracto. Todo lo que suponga un cálculo matemático se transforma en rostro picassiano dentro de mi intelecto. Eso, si hablamos de aviones. 
Tenemos una variante que a menudo pasa desapercibida: todo ser vivo sufre del mal punto de no retorno exactamente una vez en la vida. Una única vez. Por mi parte, de pascuas a ramos asisto al funeral de facultades como el que no puede apartar la vista de un accidente. No hay pautas fijas en el crac. He visto dos puntos de no retorno causados por caídas (dos de los seis que arrastro). De ahí todo gira de mal en peor. 

- ¿Cómo estás hoy?
- Hoy es un día menos malo. 

La respuesta en negativo es una característica común a todos los pacientes. Corrijo, respuesta positiva contestada en negativo, es decir, el 'mejor' desaparece para dar paso a 'hoy es un día menos malo'. Están los días malos y los menos malos. No sólo ocurre en personas, también en animales. Por seguro sé que, el crac en los perros grandes (de los que guardo recorrido de fondo) se produce cuando dejan de poder levantarse a la primera. Hacen cuatro o cinco amagos hasta alzarse, en el mejor de los casos, sin la ayuda de un par de manos humanas. Dejan de correr. Jadean al caminar. Ladean la cabeza en dirección al suelo como síntoma de que les pesa la vida. Entonces la dejan. Siempre la acaban dejando y siguen hacia otro destino. Un poco como los aviones pero peor.
De todo lo anterior, lo único que no sé a ciencia cierta es si resulta más doloroso experimentarlo o presenciarlo. La verdad es que no tengo intención de descubrirlo hasta dentro de un millón de años.

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