domingo, 29 de enero de 2012

Las malas listas.

Los errores. La lluvia. Los calcetines rotos. La falta de ilusión. La escasez de planes. El cáncer. El despertador los lunes por la mañana. La confusión entre el caos. Las colillas invasoras. Los disparos. El olvido. Los nombres de personas que una vez odiamos. Los nombres de personas que una vez quisimos. Las despedidas. La energía nuclear. Las cocinas grasientas. La comida podrida. Los dos días de vida. La gente que se cree lo que no es. Los grandes almacenes. La ignorancia. La desprotección frente a un espejo. Un trozo de cereal amargo. Las puñaladas metafóricas. Las muecas. Las caras pintadas con Cola Cao. Las bocinas de los coches que nunca dejan de sonar. Las letras tristes. La falta de hambre. Las actitudes clasistas. Los libros que nunca debieron ser publicados. Las lágrimas de pena. Las medias de usar y tirar. El aburrimiento. La gente ridícula. La muerte de un ser querido. La avería de las escaleras del metro. Los tubos de escape. Los pendientes de plástico fluorescente. Las miradas melancólicas. Las hachas. La falta de dinero. Los apuntes en sucio. Los ejercicios que no se entienden. El menosprecio de los imbéciles. La bipolaridad ocasional. La nube de contaminación sobre Madrid. Los retrasos. Los malos modales. La desconfianza. El sonido de las ambulancias. El paro. La inmadurez. La imposibilidad.  Las frases que no dicen nada. Las heridas abiertas. Los parches. El malgasto desbocado. La impotencia. La falta de coherencia. El recuerdo de lo que fue y no será. Las ruinas. El polvo de las explosiones. El agua sucia con sabor a hierro. Las fotos que se hacen solas. Las largas colas, interminables. Las mentiras. La despersonalización de todo proceso. La revolución tecnológica. Que todo siga igual y nada lo sea. Los 'si' a medias. Los malos días. Las malas horas.

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