sábado, 17 de marzo de 2012

Somos nuestro peor enemigo.

(Una pequeña muestra de lo que es FUERTEVENTURA)

Don Ricardo tenía aquello de sabiduría canosa que es imposible explicar. Hablaba desde su bata blanca con una voz profunda, de doblaje de cine en blanco y negro. También tenía una bondad casi infantil que contrarrestaba con su corpulencia y aquellas manos robustas, la derecha directamente trasplantada del Laocoonte. “La vacuna pónsela en el ambulatorio que después a mi no me quiere” (por aquel entonces faltaban protocolos y los pediatras podían vacunar). En cada visita me daba caramelos y me iba de su consulta con ese regusto a cuero viejo y tachuelas de su sofá, tan institucional como familiar.
Lo mejor que le puedes dar a las niñas – le decía a mi madre - son los tres meses de verano que se pasan en esas playas de Fuerteventura. Vírgenes, desiertas, limpias. Y ese pescado ¡madre mía qué pescado! Un protector alto y que corran y se bañen. Eso es agua bendita, mi niña.

Así me he pasado media vida. Al menos esa parte de vida que se construye a base de recuerdos y que, en una división porcentual, el ochenta y cinco por ciento forma parte de la isla majorera y el quince restante se suma por el total de experiencias vividas en otros lugares. Incluidos ahí  los recuerdos de mi isla de origen, que no son pocos.

Desde ese entonces en el que dejaba la consulta del pediatra hasta mis 23 he visto como avanzaba “el progreso”. Maldito progreso, todo sea dicho de paso. Corralejo, pueblo de pescadores situado al norte de Fuerteventura, se ha transformado en el doble de lo que era hace unos años sumando tres centros comerciales vacíos, complejos de apartamentos sin el lleno absoluto, hamburguesería y, en definitiva, el roto de casi todo el encanto que de pueblo tranquilo tenía. Efectivamente sigo viendo a gente que va descalza a la compra, la ropa que me llevo no es la misma capitalina porque todas las etiquetas allí me sobran, el paso es lento y el sol adormece como una siesta dulce. Sigue existiendo el pueblo viejo y la casa de mis abuelos. Me sigue esperando mi paz, mi centro, mi aire y mi mar pero no es lo mismo. Cuando pasa el tiempo acompañado de Don Dinero, nada lo es. No quiero tacharme de fundamentalista puesto que del aire no se vive, por muy puro que sea. Me gusta que sea una zona turística para que otros también respiren de ese pequeño paraíso. Muchos envejecen y se van allí a vivir camuflándose como uno más. Sin embargo, siempre guardo esa pequeña nostalgia con mucho recelo de cuando los solares estaban cubiertos por arena y no por ladrillo. Lo que más pena me da, es que otros no hereden lo que yo un día vi. 

Desde Corralejo se puede ver la costa de Lanzarote, justo la zona de Playa Blanca. Lanzarote es la isla natal de mi padre. La distancia que separa ambas islas desde el punto que comento es, aproximadamente, de 17.5 km. Los días de verdadero buen tiempo, se distingue la forma de las farolas sin mucho esfuerzo. El buen tiempo allí se entiende por un día sin viento. El viento de Fuerteventura es atronador. Después de tanto tiempo ya lo tengo por costumbre y, en cierto modo, establezco un pequeño juego con eso de ir por la calle y emplear toda mi fuerza en no desviarme de mi dirección por culpa de la fuerza eólica. La mayor parte de los días el agua brama con fuerza, incluso en la orilla. Hay que tener mucho cuidado con las corrientes y emplear un baile continuo con las olas. Cuando llegan hay que calcular el tiempo justo para sumergirse y pegar el cuerpo en la arena. De lo contrario, el viaje hacia afuera del mar acompasado con el cuerpo revuelto y la falta de oxígeno, está asegurado. Entre el sol y el cuerpo poco se interpone. Se nota por el moreno de la piel con un toque dorado. Es un cielo muy puro puesto que en Fuerteventura, quizás por su escasa población, aún hay poca contaminación.
En resumen: mucho viento, mucho mar, mucho sol. La Tierra Prometida para las renovables. 

Si construyen plataformas petrolíferas a 60 km de las costas se verán, se olerán y se odiarán. Sin entrar en tecnicismos, en riesgos por la distancia, en la profundidad absolutamente irresponsable de las prospecciones, en especificar los sucios intereses políticos, en enumerar desastres petrolíferos recientes y no tan recientes, simplemente quiero decir que, además de contaminar el agua que bebemos (en Canarias la bebemos desalinizada), a mí, me van a contaminar la sangre.

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