domingo, 1 de abril de 2012

ROPA DE CALLE (o de trayectos)

Ropa de calle. Luis García Montero. Cátedra.


"Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos" esto dijo Sir Francis Bacon. El filósofo, no el pintor. Razón no le falta, de cualquier forma.

La poesía tiene ese nosequé con el que conectas o te pierdes. Hay veces que cuesta conectar, y mucho. Es especialmente en los lugares susceptibles de distracción donde faltan cables. Véase la línea 6 del Metro de Madrid a rebosar, o el 114 cuando se empeña en derretir seres humanos somnolientos. Por fortuna, nunca he sido de las que lee mientras camina. Se me presentaría pues, un doble reto. Coincido con cierta persona en que es muy difícil concentrarse correctamente en la lectura cuando ya uno tiene que estar centrado en no caerse (esto último es un reto muy serio de la vida, en sentido literal y metafórico).

Bajar escaleras. Dos minutos. Abrir por la última página marcada.

Es más sabio el amor cuando amanece,
cuando ya empieza a oírse la mañana,
por el camino largo, desierto de tu piel.

Un empujón. Pasar página. Encontrar un hueco entre cuatro asientos. Pasar otra.

“PRÓXIMA ESTACIÓN…”

La poesía merece un respeto y un descanso entre trago y trago. Ropa de calle nos ayuda casi sin quererlo, casi sin saberlo, porque es naturalmente sencillo. Nos deja conectar, nos abre la puerta, nos invita a un café.

Recuerda que tú existes tan sólo en este libro

Pienso que me hubiese gustado escribir algo como eso. También pienso en que el autobús se retrasa. Otra página más.

Si alguna vez la vida te maltrata,
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte.

Subir. Ticar. Buscar otro hueco. El tiempo que me dé el atasco de las 8.15 a.m.

“CUIDADO CON ESA PUERTA, QUE LA VOY A CERRAR”

En Ropa de calle cabe todo un descubrimiento, toda mi adoración, cabe hasta Quique González. Pasan las mañanas, los mediodías y algunas tardes, y te quedas pensando en algo así como:

las personas están hechas de momentos
y las ciudades de monumentos.

Es lo que tiene la poesía. Si tú le regalas espacio, ella te regala inspiración.

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