domingo, 6 de mayo de 2012

Sí. Siempre acabamos llegando a donde nos esperan.





Casi de forma fortuita, y durante los últimos años, mayo se ha convertido en un mes de preámbulos. De preámbulo del verano cuando Madrid huele a descalzarse, cuando  los días son largos y los helados necesarios y de cuando hay habitaciones y años enteros metidos en cajas. También es preámbulo de algunas cosas importantes.
(Cabe decir que todo lo importante llega después de mayo)


Este mayo ha sabido entrar en alza, directo desde el aire y restando una hora. Ha empezado oliendo a mar y a sangría, bajando sobre ruedas contra el viento. Mayo ha llegado con un cansancio que agota por pura energía y que nos vacía a carcajadas, silbando bonito y sonando mejor. Subiendo cuestas a golpe de trompicones y bajando en tranvías desde sendos miradores. Qué bien se come en este mayo, lleno de grafitis, lleno de puestas de sol, lleno de gente y de sabores. Un mayo lleno a rebosar de todo. 

Mayo ya es de LISBOA.
Se lo ha ganado. 

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