domingo, 17 de junio de 2012

"El otro" pero mejor pronunciado.




“El corazón que premedita maldad se provoca prolongada infelicidad”
Victor Hugo.

Llegaron los tiempos de malos gestos un poco como esos tiempos de borrasca anunciados en la radio sin que nadie les tome demasiado en serio. Sin que nadie sepa lo que realmente queda por aterrizar. Mientras tanto, como se narra en los cuentos, los jarros de agua fría ayudaron a allanar el camino.

Tiempo atrás no hacía más que escuchar “te mereces algo mejor”. Algunos dicen que tenía derecho, que ya tocaba. Eso de tener en el sentido de poseer entes abstractos tomados como derecho natural siempre me ha producido cierta confusión. Como si se pudiese tener algo que no sea un calcetín o una lámpara.
La infelicidad es un tema delicado muy mal llevado entre sujetos débiles. Esos sujetos, posteriormente desmontados en su debilidad, le deseaban felicidad y época de tiempos despejados. Pero ¡ah! Nadie contaba con que le deseaban una felicidad condicionada. Un tipo de felicidad que les viniese bien a todos por purito egoísmo.

“El otro”

Comenzaron a llover malas palabras, a cuenta gotas. Le empezaron a reventar la paciencia esas frases que resbalan al sentido común. Le empezaron a trocear la cara con una mueca de asco. Empezó a des-creer, a des-escribir, a des-querer. Todo fue empezar. Decidió dejar de construir buenas palabras en días claves. Una guerra silenciosa. Una genial contraofensiva.
Mientras tanto, como se narra en los cuentos, ahí seguirán. Esperando cosas que no recibirán jamás. Ella sabía que una amistad se construye sobre una base de baldosas. Una a una sujetas. Sonrisa tras sonrisa. Hombro a hombro. 

Y a estas alturas le llegan los vacíos. 
Caray. Qué falta de todo. 

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