jueves, 26 de julio de 2012

Las semanas ausentes.


Hay cosas a las que no quiero acostumbrarme. Por ejemplo, a dormir sin él o a aspirar las eses. No quiero reconstruir la independencia forzada ni acostumbrarme a no tener a alguien al final de la yema de mi dedo índice. No voy a acostumbrarme a reinar en el centro de la cama. Tampoco a priorizar la alegría de todos menos la propia. No quiero acostumbrarme a dejar de echar de menos el volver a casa ni dejar de estremecerme cuando veo la costa desde el aire. Eso es obligación. No me quiero acostumbrar al enfrentamiento con la soledad momentánea que quema la piel con todo aquello que no pudo ser. No quiero acostumbrarme de nuevo a librar batallas sin batallón a mi lado. Tampoco a querer en saco roto y a besar entre agujeros. No quiero acostumbrarme a los desayunos para uno ni a poner orden únicamente entre mis cosas. Las tengo muy vistas. No voy a acostumbrarme a enfrentarme sólo mi visión ni a dejar de morderme el labio inferior. Me niego. 

El Ser Humano es un animal de costumbres.
Costosas de arrancar; placenteras de imponer. 

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