martes, 23 de octubre de 2012

El optimista preocupado.



La tarde nace como una gran ironía. Una grandísima ironía. Apenas un par de horas atrás la niebla enterraba a la ciudad. Esta ciudad tan nuestra. Esta ciudad tan de nadie. Afortunadamente el destino nos coloca justo en la hora en la que el sol se expande por las esquinas. Decenas de personas hacen cola, ordenadamente, rumbo a un cartel: Los desorientados. Qué ironía, decía, decidir interrumpir una jornada de lunes, estos lunes siempre tan tediosos, por un libro. Con la que está cayendo.
Dentro, los asientos custodian colores abiertos. Unos se asemejan al verde limón; otros, al azul turquesa. La sintonía de fondo murmura: "Disculpe, la presentación es en francés. ¿Desea traducción simultánea?" Aquí la marca de corte piensa en galo y escribe en arábigo, de izquierda a derecha. El suelo es de madera y su crujido acogedor. Las barandillas son de acero y su tacto vanguardista. Qué paralelismo cuando tantos dicen de Maalouf que se caracteriza por ese dualismo errante entre Oriente y Occidente. Por aquí se suceden los clicks. Rápidos. Nerviosos. Apabullantes. La sonrisa, al otro lado del flash, permanece implacable. Veo muchos regazos y aún más libros que sujetos. Esto es buena señal. Con la que está cayendo.
El turismo de frases comienza con la transformación del ser humano. Su francés es muy árabe para un árabe tan mediterráneo. Aún para los despistados es imposible no doblegarse ante tanta genialidad. "No sé si la guerra transforma a los niños en hombres. Lo que sí hace es convertir a los hombres en bestias". Todo lo que aparentemente se pueda vestir de tintes simplistas cobra solemne significado en la boca de alguien que vio nacer a la guerra bajo su ventana. "Me siento desorientado porque algo se ha perdido". "Hemos desaprendido a vivir juntos". "Los pueblos son más sabios de lo que uno piensa". Maaoluf cuando piensa, piensa bien. Mirando al cielo. Saboreando su tiempo. Ordenando visiblemente tanto pensamiento. Callando a sus traductores. Ablandando a sus agregados. "A menudo me defino como un optimista preocupado". Puede que la mayor virtud de la preocupación está en el saber ocultarla. Poco antes de la vorágine, Maalouf sonríe, amablemente, ante la pantalla de un ordenador ajeno y frente a preguntas de personas que no conoce. En ese momento creo que a esa humilde sonrisa ni le pesa ni le sobra ningún premio. "Soy un observador del mundo". Y para cuándo un Mundo observador de Maalouf, me pregunto. Aprendamos todos para mañana que"el destino de las revoluciones es ser traicionadas". También habrá hueco para recordar que Los desorientados, en portugués, son los desnortados. Aquí puntuamos con matrícula eso de perder el norte. Es un alivio escuchar que "no tenemos, nunca, jamás, que cerrar los caminos de la esperanza". Qué manera de insuflar el ánimo colectivo. Qué firma tan redonda. Qué pasos tan calmados. Con la que está cayendo.

2 comentarios:

Moravia. dijo...

Joder, qué joven y qué preparada!

Noelia Olbés dijo...

Mira que eres troll...