martes, 2 de octubre de 2012

Eso de los horizontes.

La encontraron con la mirada puesta en el horizonte. A pesar de haber entrado el otoño, se le oía murmurar: Todavía puedo oler el mar. Eran las siete de la mañana. Decían que llevaba allí sentada desde las seis de la tarde anterior. Nadie la había visto parpadear. Se acercaron a ella. Le tocaron un hombro. Se giró suavemente y dijo: Esto de los atardeceres se me está yendo de las manos. 

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