sábado, 20 de octubre de 2012

Sabado, sabadete... Todo son buenas intenciones.


No hay por qué atender tanto a las circunstancias. Las circunstancias, aún variables, son eternas. Con esto me refiero a ese vicio adquirido de quejarse de todo y por todo. Antes de nosotros ya hubo otros y detrás de nosotros llegará un después. Aún si el mundo se acaba seguirán ahí las piedras, o lo que sea que quede de este planeta, flotando y vagando por el Universo. Un Audi, una hamaca, un sombrero, una partida de nacimiento. Lo que quiero decir es que no podemos desviar todos nuestros sentidos, y provocarnos incomodidad y enfado, a causa del inconveniente de un lunes o la desazón de un miércoles. Si nos rendimos, si verdaderamente nos dejamos llevar por el tono de la multitud, la vida se nos escapará como se nos escapan las estrellas fugaces.
Y, entonces, no tendremos ni nuevas lluvias ni segundas partes. 

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