miércoles, 7 de noviembre de 2012

Hubo un día en el que discutía sobre alas de avión que, según mi experiencia, siempre son blancas. Pocos días después hablaba de un pantalón: 

- Es una 34.
- 34 los que yo te echaba. 

Desde entonces se ha producido un salto cualitativo verdaderamente considerable en lo carnal de mis conversaciones. 

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