jueves, 24 de enero de 2013

Después de 24 años, 4 meses y 25 días y ante el terror que producen los 25.


Lo primero que debes saber es que todo va a estar bien.  No vas a ser fisioterapeuta por la mañana ni pintora por la tarde. Tampoco regentas un refugio de perros dentro de un chalet donde la planta baja sea un dormitorio perruno y la planta alta tu dominio personal. Aún no tienes cinco hijos, afortunadamente. Cuando tenías cinco años te preguntabas por tu aspecto a los veintitantos. Con veintitantos esperarás llegar dignamente a los cincuenta y tantos. Te puedo adelantar  que vas a experimentar contradicciones con las que jamás imaginaste lidiar. No te asustes porque te harán bien. Cuida a los que te quieren porque no sabes lo mucho que te querrán. Habla con ellos. Mírales. Vas a perder a algunos de los mayores y entonces caerás en la cuenta de que todas esas pequeñas rutinas difícilmente las podrás recuperar. Algunos te intentarán convencer de que has de besar a algunas ranas antes de encontrar a un príncipe azul. En realidad lo que vas a hacer es besar a algunas personas con las que no acabarás de encajar hasta que llegue la pieza perfecta. Perfecta para ti, claro. Los primeros besos siempre encajan bien. Eso está bien que lo tengas en cuenta porque es después cuando llegan los problemas. Ahora escúchame bien: no idealices. Nadie es perfecto. Te puedo decir, también, que la vida es mucho más divertida que los cuentos pero no te preocupes porque los vas a poder seguir leyendo. De hecho, te sorprenderás al verte trabajando rodeada de ellos. Pasarás la PAU con un 10 en matemáticas y a partir de ahí no las tendrás que tocar más. Ten paciencia porque ya ves que te retirarás de los números por la puerta grande. El primer concierto al que asistirás será de Bisbal y oirás a un montón de adolescentes histéricas gritando 'puta' a Chenoa. La educación no es algo con lo que se nazca. Valiosa lección. Después de esa primera vez vivirás otras muchas primeras veces. Vívelas mucho y muy bien porque, si algo tienen en común las primeras veces, es que nunca se repiten. A estas alturas vas a hacer cosas de mayores. Por ejemplo: tener un jefe, un piso que limpiar y un novio con el que ir al cine. Estos asuntos te preocuparán terriblemente con ocho años pero ya ves que creo haberlos solventado. A los doce fantasearás con vivir en Sevilla o en Barcelona a pesar de no haber visitado hasta ese momento ninguna de las dos ciudades. Por ahora te has establecido en otra, un poco más hacia el centro del mapa. Ya verás que aún te quedan huecos capitalinos por exprimir. Te van a cantar tanto la canción de Nino Bravo que vas a acabar por aborrecerla en todas sus versiones (que, te aseguro, no son pocas). A los diecisiete te vas a hacer un piercing en el labio inferior. Te vas a cansar meses después y ahora sólo recuerdas su existencia cuando alguien se percata de la pequeña marca que queda de él. En algún momento cambiarás la pintura por la fotografía y será una transición natural. Aprenderás en los cambios que la naturalidad salva cualquier complicación. Hasta el momento has visitado diez países, algunos varias veces. Viajar será importante sobre todo por aquello de ampliar horizontes, metafórica y físicamente hablando. Fuerteventura va a ser sagrada. Aquí te predigo el futuro. Las cosas se van a poner complicadas en algunas partes. No tengas prisa por vivir. En algunos puntos, tu vida se parecerá a un capítulo de Los Simpson: acaban de una forma totalmente diferente a como empiezan. Tranquila, todo va a estar a bien. Recuerda que aún no vamos ni por 25. 

4 comentarios:

Hi! dijo...

Bravo bravo y bravo. Me ha encantado! :)

Noelia Olbés dijo...

:) ¡Muchas gracias, señorita!

Anónimo dijo...

N!!! :)

Laura dijo...

Me ha emocionado mucho tu escrito, Noe, de verdad. Precioso, qué rápido crecemos.