miércoles, 8 de mayo de 2013

PRIMERA ENTRADA DE MAYO CUAL PRIMER DOMINGO DE MES


Mi madre fue más madre que nunca en dos días concretos. El primero, el 30 de diciembre de 1985. El segundo, el 28 de agosto de 1988. Resuelvo, según este hecho, que en el primer domingo de mayo de cualquier año no es más madre que un 4 de abril o un 14 de junio. Para qué unificar a tantas costillas en un día si, salta a la vista, no guardan similitud alguna. Con esto quiero decir que hay tantos tipos de madres como tipos de cordillera. Que todas sean llamadas serranía no quiere decir que compartan la forma en sus pliegues.

Mi madre es de esas que sabe describir a qué huelen cada una de mis cicatrices. No sé si así se ubican. Ella sabe todas y cada una de las razones por las que alguna noche tuve que permanecer en vela. Podría explicar con total exactitud cómo varía el color de mi pelo entre estación y estación. Mi madre sabe cuándo me empezó a gustar la coliflor, en qué día aprendí a nadar y es capaz de adivinar en qué momento estoy demasiado cansada antes incluso de que me sorprenda el primer bostezo. 
Mi madre cuenta años, meses y días constantemente: "6 años hace desde que no pasas este día conmigo". Mi madre acostumbra a decir que , y es una suerte, porque no hay Telón de Acero peor que el no de una madre. Es valiente y resolutiva. Inteligente y leal. Afectuosa, atenta, curiosa y cortés. La admiro y aspiro de ella cuanto puedo. Siempre nos ha dicho que de los hijos se aprende, y mucho. También está orgullosa de que hayamos conseguido lo que ella siempre quiso. Yo sonrío ante su ingenuidad cuando veo que no cae en la cuenta de que todos estos ladrillos tienen base en ella. En mi caso es la brújula, la goleta, el puerto y la tierra. Un referente para no sucumbir ante los vientos, tan cambiantes e impredecibles. El saber que hay un hueco para mí en alguna parte, donde ella esté. Quizás sea el instinto, la familiaridad o el calor. Todo a la vez, a lo mejor. Me asombra que exista una persona en el mundo que sienta más mi propio dolor que yo y que me conozca incluso antes de que yo me conociera. Se me escapa el entendimiento por todas partes cuando pienso en que yo he ido a un concierto de Serrat a través de sus oídos.

Y todo eso de: te lo dije, si voy yo lo encuentro, con quién vas, a qué hora llegas, un día de estos no vuelvo, es la primera vez que me siento, hambre tendrían que pasar, cómete eso, hazme caso, eso no te conviene, qué has comido, duermes poco... Todo eso puede ser universal en materia de madres. Sin embargo, yo lo oigo a través de una sola voz y siempre proviene desde el mismo faro. Oigo todo eso sin necesidad de que esté. Y menos mal, dicho sea de paso. Si sé que está "aquí" nada duele. Nada me duele. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bonito a rabiar.