martes, 29 de julio de 2014

7.10 a.m.

Salió de casa muy pronto pero con el día nacido. Era verano. Apenas se cruzó con un par de transeúntes. Caminaba rápido porque llegaba tarde y el aire con el que chocaba le mantenía el pelo tras las orejas. De frente venía un chico en traje, desaliñado tras la fiesta de anoche, ojos, azules, de sueño, corbata torcida, caminar cansado. La miró a los ojos en su rapidez. Se paró tranquilo en medio de la acera con las manos en los bolsillos. Giró la cabeza acompañando el paso de ella. Siguió mirándola, quieto, con su lunar bajo el ojo derecho, la camisa blanca y el pelo rubio, aún cuando ella había bajado más de cincuenta metros de calle. Ella giró la cabeza hacia él pasados los sesenta metros. Allí seguía, viéndola marchar. Tenía prisa.


EL ABRAZO, AUGUSTE RODIN

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