lunes, 14 de julio de 2014

DIARIO DE VERANO I

Los días en el norte son muy largos en su final porque las siete horas de viaje tienen que tener alguna recompensa. Es una especie de pacto.

Vuelvo al lunes con algo de color, con sabor a poco y desintoxicada, que es lo que hace el mar esquimal con la piel. Es agradable formar parte de una segunda casa, incluirse en las rutinas, pasear con una segunda mirada por calles ya conocidas, salvar conversaciones introductorias.

H. dijo, hace días, que me ha escrito un poema. No me lo enseña. También se queja de que no escribo sobre él y sonríe, de abajo a arriba.

H. me sienta tan bien como el verano, mejor incluso que las camisas blancas. Los días que vienen ahora, incompletos de rutina y expectantes de vacaciones, se convierten en antesala de otros, donde podré volver a encajarme en su costilla. Los cuerpos conocidos son como el hogar en invierno. La cicatriz, esa marca, suavidad, aquí áspero. Si la noche fuera un mapa a mi me estaría faltando Sudamérica. H. es un privilegio de persona y me convierte en una privilegiada. 

Me he acabado Estrella distante. Casi consigo terminar con Años luz.

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