martes, 29 de diciembre de 2015

«ESTE LIBRO ES UN MILAGRO»


El título de este post no es idea mía. Es una crítica de The Guardian a «Instrumental», de James Rhodes. 
La podéis ver en la faja del libro. 

Nunca he entendido la música clásica. Recuerdo aburridas clases en las que nos enseñaban a tocar un par de canciones con flauta dulce (¿Por qué dulce? ¿Por qué nos insinúan que será algo maravilloso cuando en realidad es un mojón? ¿Hay flauta salada?) y en las que a alguien le tocaba coger el triángulo, tarea harto aburrida. Me topé, creo recordar, con cuatro profesores de música. Todos ellos bastante flojos en el arte de la docencia: alguno con buenas intenciones y uno de ellos una persona muy frustrada. Había tirado la toalla con la música clásica... Hasta ahora. A mis 27 años (ok, son pocos, nunca es tarde, blablablá) llega este señor y cuenta en tres líneas por qué y cómo tocaba «el puto Beethoven» ó «el cabrón de Bach» et voilà. Me atrae, por fin, la música clásica.

«Instrumental» no es sólo un libro de música clásica pero ésta actúa como flotador para el horror que vivió Rhodes. Todo lo que pueda decir sobre este libro va a sonar terriblemente cursi: inspirador, catártico y demás lindezas. No puedo hacer justicia a un relato contado con finísimo humor inglés, fluidez y un muy bien avenido puñado de palabrotas.

Es la primera vez que leo un relato de alguien a quien violaron siendo niño y he sentido enfado (tal y como indica Rhodes que es una de las reacciones más extendidas). Me enfado porque se podría haber evitado, porque tenemos que dejar de ser tan inconscientes y permisivos con la creciente sexualización de nuestro entorno (y por ende de los modelos infantiles) y porque creo que en las Olimpiadas del infierno los que le joden la vida a los niños son Bolt. Qué fácil tenemos las cosas los que hemos crecido en ambientes felices. He caído en esto alguna vez, como idea-sensación algo abstracta, y este libro me ha servido como confirmación. En «Instrumental» no encontrarán detalles morbosos del abuso pero sí se comprende en profundidad lo que significa para la víctima lidiar con ese peso para el resto de su vida. Rutinas aparentemente inocuas, que (creo) no sospechamos el común de los mortales, se tornan en recordatorios diarios.

Si han leído hasta aquí habrán podido comprobar que no he parado de hablar de mí para recomendar un libro autobiográfico de otro pero resulta que es la clase de obra que te hace decir: «Joder, ¡es esto!» muy a menudo. Hay una inesperada enumeración de consejos sobre cómo mantener una relación de pareja que todos nos podríamos tatuar en la espalda. Hay mucha amabilidad en la forma de escribir de Rhodes y también amor (en serio) e ilusión (¡de verdad que sí!).

Me ha gustado tanto este libro que voy a recomendarlo como una posesa y sé que voy a hacerme un flaco favor; si a alguno de mis amigos no les gusta tantísimo como a mí (hay veces que, inexplicablemente, pasa) pensaré: «eso es porque eres tonto/a» y les querré un poco menos. Pero no pasa nada, James, lo hago por ti y porque creo que eres de esas personas guays que son tan guays que no lo saben y a las que todo el mundo se quiere acercar en una fiesta.

2 comentarios:

Marieta dijo...

Cuando quedemos para tomar una cañita, ¿me lo llevas, por fis? Y yo te llevo gustosa uno de mis favos, que también inspira mucho:)

Laura Ledo dijo...

Pues yo me lo apunto, me encanta cómo lo has descrito. Y la música clásica... es una delicia.